La Iglesia celebra cada año la fiesta del Corpus Christi, y conviene recordar que fue una mujer: santa Juliana de Mont Cornillon (1193-1258), quien tuvo la feliz idea de promover esta fiesta (no una procesión) en el año 1208.
Ella tenía mucha devoción al Santísimo Sacramento y deseaba vivamente que hubiera una fiesta en su honor, que ayudara a comprender a la gente la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
Otra mujer: Eva la ermitaña, que había vivido con San Juliana un tiempo, contribuyó a que el Papa Urbano VI extendiera esta fiesta por otras diócesis. Se celebró por primera vez solemnemente en 1249 en la ciudad de Lieja (Bélgica).
Curiosamente, en el año 1312, en el XV Concilio Ecuménico de Vienne (Francia), se dieron muchas normas concretas para organizar la procesión del Corpus; por ejemplo, el lugar en el que deberían desfilar las autoridades. Santa Juliana y su “sueño” cayeron en el olvido y hoy salta a la vista el peso que tienen las normas en la organización de esta fiesta.
En ese mismo Concilio se decretó que el modo de vida de las beguinas fuera definitivamente prohibido y excluido de la Iglesia de Dios. Y, una vez más, constatamos cómo grandes revelaciones e intuiciones de mujeres han quedan arrinconadas, condicionadas o prohibidas.
¡Es tarea nuestra recuperarlas, transmitirlas y que no caigan en el olvido!
Marifé Ramos

