Pilar Yuste, en su ponencia de las Jornadas de la ATE, nos ofreció una relectura del texto conciliar, marcada por la realidad actual de nuestro mundo y de nuestra Iglesia, bajo el signo de la profecía, la esperanza de lo cotidiano y la reconstrucción de una Iglesia que se levanta de sus propias cenizas.
Nosotras
estamos en búsqueda, mar adentro, ensayando una fidelidad dinámica y fecunda.
Nunca quietas ni esperando, nunca estáticas… El evangelio nos desnuda, porque
la espiritualidad es siempre descalsez, desnudez, fuera de los claustros, más
allá de los muros y de lo institucional…
Hablamos
de Dios como el pájaro porque sí, porque necesitamos compartir la experiencia
de Dios. Las mujeres místicas y cotidianas nos empoderamos en el testimonio,
sin palabrería, con humildad.
El
mundo necesita voces proféticas, y es que ya en el mundo hay semillas de Dios, en
verdad todos necesitamos absoluto, trascendencia….
Hemos
de descubrir lo positivo y esperanzador de los movimientos de búsqueda hoy.
Nos
moveremos en desobediencia y en comunión a la vez, en solidaridad, sin
paternalismo (podemos ser voz con las voces de otros pero no ser la voz de
nadie porque todo el mundo tiene su propia voz). Seremos inclusión frente a una
iglesia que tantas veces excluye,…
Nuestro
modelo es el del banquete del reino, es el mismo Jesús.
Y
lo nuestro: salir a los caminos, como
Jesús.
Estamos
llamadas a ser nosotras mismas… ser nosotras mismas en la Iglesia y en el
mundo.
Es
prioritario ser felices, fieles a la Iglesia, la de Jesús.
La
Iglesia es reveladora y desveladora del mundo, somos llamadas a compartir tantas
esperanzas, tristezas, angustias,…
La GS
nos llama a abrirnos, a salir, a reformar, a renovar,… ¡hay que aprender a
compartir… a NACER!