Ascen Ortega
Mujeres y Teología de Madrid
Desde el movimiento de Jesús hasta nuestros días hay innumerables cristologías escritas a lo largo de los dos siglos. La pregunta “y vosotras, ¿Quién decís que soy yo?” nos hace pensar y caminar tras las huellas de Jesús, haciendo presente con nuestra manera de vivir los valores del Reino de Dios en la tierra.
Calcedonia nos dejo el dogma de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. En dos siglos, ha llegado a divinizarse tanto que se confunde lo humano y lo divino, y se vio la necesidad de buscar a la persona humana de Jesús.
Podemos comprender los que conocemos. De Dios solo sabemos lo que Jesús no ha dado a conocer, le llamaba papá y amaba mucho. Jesús una persona como nosotras, trascendente, buscando siempre la verdad, abierto hasta lo infinito, con un conocimiento de si mismo humano limitado, vivió su identidad como cualquier judío de su época y no tubo conocimiento de si mismo hasta después de su muerte, la resurrección.
Si Dios se hizo ¿en que clase de ser humano se convirtió? Jesús encarna el modo de ser de Dios en este mundo, modelo para nuestra manera de ser discípulas hoy. Si Dios se encana en Jesús vive la vida como una de nosotras, viendo de una manera distinta el orden establecido del mundo, dándolo la vuelta, (los últimos serán los primeros): el amor y la no violencia son sus prioridades.
Así, podemos conocer a Dios continuando la historia de Jesús en esta vida y para esta vida, donde nadie se quedaba impasible ante El, por eso no podía acabar de otra manera, aunque su vida acabara en fracaso, fue la manera de manifestar su victoria y llegar hasta nuestros días, en forma de VIDA. Por eso, es la Iglesia la que debe seguir los pasos de Jesús en el mundo.